Ahora todos podemos ser Poetas 

Maestría en Escritura Creativa

(…) Se ofrecen tres menciones: Poesía, Narrativa, Dramaturgia y Guiones Cinematográficos.

El graduado en esta maestría estará debidamente capacitado para desempeñarse como creador, así como para construir agrupaciones de fomento literario. Al final de sus estudios y para poder graduarse, los alumnos deberán presentar un trabajo de investigación (tesina o conjunto de ensayos) sobre la escritura creativa y un texto creativo relativo a su mención (poemario; libro de cuentos o novela; o un texto dramático o un guión de cine o televisión, según corresponda). En ambos casos los trabajos se defenderán públicamente (…).¹

 

Lo dicho por aquel profesor una tarde de hace casi seis años en un auditorio de la universidad es hoy cierto. Nuestro futuro está asegurado bajo la manta protectora de nuestros “ilustres” maestros.

Ahora todos podemos ser poetas y narradores, escritores al fin y al cabo, reconocidos por ley y con un cartón que lo acredite. Al diablo con los que argumentan que un cartón no pasa de ser solo eso y nada más, un papel que jamás podría decirte lo que realmente eres y mucho menos lo que sabes.

Yo quiero ser poeta. No quiero solo escribir en un blog para pasar el tiempo y que algún distraído navegante lea las tonterías que escribo. No quiero ser solamente aquel que se encontró por suerte con algunos amigos en las aulas de una universidad, se aprovechó de ellos y de su talento, y camufló sus textos en varias de sus plaquetas, que por suerte (y no por iniciativa propia) fueron bien acogidas. No quiero ser aquel que se toma un café con el escritor de trayectoria y recién hecho amigo, esperando que entre sorbo y pitada te diga que sí, tus poemas tienen potencial. Lo que quiero es ser un escritor reconocido con título universitario para colgar en la pared, desplazar aquel paisaje inexplicable comprado por mis padres para adornar la sala y cambiarlo por algo más real: un diploma elegante que, con letras de molde doradas, confirme tu carrera de Poeta a Nombre de la Nación.

Ya puedo imaginarme en la Maestría en Escritura Creativa, Creación Literaria o alguna estupidez por el estilo. Ya me veo en la graduación (si es que la hay, tiene que haberla, un poeta no puede salir así nomás de una maestría como aquella), pensando en lo idiota que debo verme al emocionarme tanto por un pedazo de papel entregado por un gordo y cansado profesor.

Pero al terminar, todo valdrá la pena.

Iré por la calle con un ridículo tubo de cartón guinda bajo el brazo, con el tesoro recién obtenido a punta de desvelarme esperando al hada de la inspiración o a las musas, que nunca antes llegaron; pero no me preocupo, sé que aquel selecto grupo de maestros de universidad estatal guiará mis manos hacia el libro soñado por todo joven escritor.

Las madres, llevando a sus hijos del brazo, pensarán que algún día sus queridos hijos serán así, profesionales exitosos y graduados. Y se preguntarán qué seré yo, qué habré estudiado, seguro alguna de esas carreras prometedoras, y yo riéndome por dentro, pensando que ni se imaginan que soy poeta, novelista, escritor con mucho potencial según mi profesor de Lecturas Literarias.

Y así compraré cada domingo El Comercio, porque pienso que al crear una maestría como aquella aparecerán, lógicamente, puestos de trabajo para tanto magíster recién graduado. Y entraré a una de aquellas agencias de empleo solo por probar, sacaré mi cartón y diré entusiasmado, mirando por sobre el hombro a aquellas mujeres de faldas microscópicas que aún parecen estudiantes de secretariado, que soy poeta y ¿hay algo para mí? Tiene que haberlo, pensaré, soy magíster en Escritura Creativa o algo por el estilo. Y me sentiré orgulloso de mí por ser al mismo tiempo tan sensible y práctico, y haber asegurado mi futuro.

Pues sí, seré Poeta a Nombre de la Nación, por que mi universidad así me lo promete, y siempre he creído en mi universidad.

Y me dedicaré a eso, escribir todo el día una novela, por ahí un poemario, algunos cuentos a veces para algún periódico, sin temores porque estaré autorizado. Y cuando algún crítico publique un comentario haciendo leña mi último libro, solo miraré aquel cartón colgado en la pared de mi sala y repetiré como un karma infinito que soy poeta, novelista, escritor a Nombre de la Nación, con firma del Decano, sello aún fresco y toda la estupidez que te hace creer que realmente sirves para eso.

Así, algún día estaré sentado tomando un café y fumándome un cigarrillo, un muchacho con una sonrisa estática se me acercará y me pasará, casi por debajo de la mesa, unas hojas sueltas y arrugadas o alguna fotocopia de una plaqueta diseñada en casa, y esperará mi opinión. Yo leeré distraídamente aquellas palabras mientras recuerdo el cartón colgado de la pared de mi sala y le diré, dando una pitada al cigarrillo de la misma marca que aquel fumado por el escritor con trayectoria y que era mi amigo, que sí, tienes potencial, con aire de autoridad, de Poeta a Nombre de la Nación.

¹Fuente: Guía de posgrados. Grupo Educación al Futuro, 2008.

5 comentarios para “”

  1. En muchas universidades estadounidenses se ofrece una Maestría en Escritura Creativa y no es novedad alguna que una universidad peruana la ofrezca. Yo creo que una institución sí puede enseñar a escribir, ahora que uno llegue a ser Vargas Llosa o Vallejo, depende del trabajo consciente y talento de cada persona.

  2. Ser poeta es más que un simple cartón donde esté impreso tu nombre con letras doradas. Es una postura frente a la vida, frente a la existencia misma, frente a esos seres tan maravillosamente complicados “las mujeres”, frente a las cosas que pueden ser insignificantes para algunos como son las manos, los dedos, o las mariposas en el sexo.

    Ser poeta es mucho trabajo, sobre todo mucho trabajo y experimentación con el lenguaje.

    Como dijo un antiguo profesor nuestro allá en San Marcos después de ver el techoy girar lentamente el cuello, mientras nos miraba de reojo:

    “NO me pareze la poesía es una cosa seria”

  3. La creación no se hace de un cartón!!
    Te felicito..
    Duela a quien le duela, tu relato refleja una vergonozosa realidad..

  4. Mi querido Daniel, leì tu comentario en Amortiguaciones, gracias por tus palabras, para mí fuen un honor y un placer conocerte a tí y a Lucis y su bello hijito. Desde ahora tienen un hogar en Buenos Aires, mi casa, cuando quieran venir a vivistar esta ciudad, éstáre encantado de recibirlos amigos míos, porque en ese viaje de regreso a Lima, mi corazón se tomó el atrevimiento de atesorarlos como amigos para siempre. Y mi corazón sabe lo que hace. Leí tus poemas, poeta maldito: tus poemas me dejaron flotando en un innombrable silencio… te felicito. Si es que uno puede felicitar a un hombre por haber recibido de parte de los dioses la condena de la letra disfrazada de don. Brindo por estar condenados!!! Con respecto a mis blogs te aclaro: Amortiguaciones habla de momentos y estados, de una manera coloquial, sin el artista de por medio, es Franco frente a su ventana. La columna de un viejo animal con cara de joven. Conventillo Textual del cual también te hice parte, es mi trabajo como escritor y un adelanto de mi nuevo libro. Las otras dos secciones, son Sequencia y el Desenbichador, en tono de broma es un sitio para fumigar a aquellos/as que se han impuesto la misión de torturarte de alguna manera. Un abrazo y estamos en contacto, Un beso a Lucis, estoy por mirar su trabajo en el CD.

  5. Tambien quiero mi carton, buscar en el comercio trabajo, andar orgulloso de mi PROFESION como novelista. Jajaja… me encanto este post. Saludos.

    J.C.

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